¿Las nuevas reglas mantienen abierto el sistema político o fortalecen a quienes ya están dentro de él?
El problema no empieza ni termina en una ley electoral.
Las democracias modernas atraviesan una crisis de representación evidente. Los partidos políticos continúan siendo necesarios, pero muchas veces han perdido parte de sus antiguas funciones de formación, elaboración programática y representación social, mientras conservan estructuras, cargos, recursos y capacidad para seleccionar candidaturas.
Al mismo tiempo, ingresar a la vida política desde afuera resulta cada vez más difícil.
Un ciudadano puede tener ideas, prestigio profesional o reconocimiento social. Pero competir necesita tiempo, dinero, organización, presencia territorial y exposición pública.
Quien ya ocupa un cargo político, legislativo o partidario dispone de parte de esos recursos.
Quien trabaja todos los días debe construirlos desde cero.
Por eso la apertura democrática no depende solamente de que cualquiera pueda formar un partido o presentarse a una elección.
Depende también de que sea materialmente posible hacerlo.
EL VERDADERO COSTO DE COMPETIR DESDE AFUERA
El nuevo Código santafesino debe analizarse dentro de ese problema.
La norma exige alcanzar el 4 % de todo el padrón para participar del reparto de diputados.
No es el 4 % de quienes efectivamente votan.
EL UMBRAL DEL 4 %
En las elecciones provinciales de abril de 2025 había 2.834.383 personas empadronadas y se registraron 1.425.944 votos afirmativos.
El 4 % del padrón equivale a 113.376 votos.
Con ese nivel de participación, una fuerza habría necesitado casi el 8 % de los votos afirmativos para acceder al reparto de bancas.
Y el efecto no es abstracto.
En esa misma elección una fuerza obtuvo 79.790 votos y consiguió tres de los cincuenta convencionales distribuidos proporcionalmente. Con el nuevo umbral, esos casi 80.000 votos no habrían alcanzado para obtener representación.
No era una elección de diputados y regían otras reglas. Pero el ejemplo permite advertir algo concreto: una expresión política que ayer consiguió representación podría hoy quedar afuera.
COALICIONES Y AUTONOMÍA POLÍTICA
Eso tiene una segunda consecuencia.
Una fuerza pequeña integrada a una gran coalición puede formalmente separarse. Incluso puede presentar candidatos legislativos sin llevar candidato a gobernador.
Pero hacerlo se vuelve mucho más costoso si afuera corre el riesgo de quedarse sin representación.
Sin bancas se pierden visibilidad, recursos, estructura institucional y capacidad cotidiana para sostener una alternativa.
Entonces la libertad de salir existe.
Pero sobrevivir afuera puede volverse mucho más difícil.
La posibilidad de que un mismo candidato a gobernador compita además en las PASO acompañado por hasta tres candidatos distintos a vice refuerza esa lógica.
Los distintos sectores pueden disputar posiciones internas, movilizar sus estructuras y negociar poder sin poner necesariamente en discusión quién conduce.
La competencia subsiste.
Pero puede quedar contenida dentro de una misma estructura.
Las fuerzas menores conservan su identidad formal mientras su autonomía política se reduce.
No hace falta prohibir la disidencia.
Puede alcanzar con hacer demasiado costoso ejercerla.
CUANDO EL SISTEMA EMPIEZA A CERRARSE
Y ahí la reforma electoral deja de ser un problema aislado.
Santa Fe tiene también pendiente una discusión sobre la expansión de figuras de designación política dentro de la Administración, como los Asistentes Técnicos.
Ese fenómeno merece una investigación específica. Pero plantea la misma pregunta de fondo: dónde termina el gobierno, dónde empieza el partido y qué parte del Estado puede legítimamente utilizar quien ocupa transitoriamente el poder.
La cuestión tampoco se agota allí.
Hay que discutir qué posibilidades reales tiene hoy una expresión política espontánea, un dirigente surgido fuera de las estructuras tradicionales o un ciudadano que no dispone de recursos propios para dedicar años a construir una carrera partidaria.
Hay que discutir qué función cumplen actualmente los partidos y cuánto representan efectivamente a una sociedad que cambia mucho más rápido que sus estructuras.
Y hay que discutir qué ocurre cuando esas mismas estructuras participan en la definición de las reglas electorales, ocupan espacios del Estado y establecen las condiciones que deberán superar quienes pretendan reemplazarlas.
No hace falta imaginar una conspiración.
El problema puede ser mucho más sencillo.
Un sistema puede empezar a cerrarse sin que nadie decida formalmente cerrarlo.
Alcanza con que quienes ya están adentro compartan incentivos para conservar las condiciones que les permiten seguir estando.
CUATRO EFECTOS QUE MERECEN DISCUSIÓN
La reforma electoral muestra una parte de ese problema:
- Los umbrales dificultan la aparición de nuevas fuerzas.
- Las grandes coaliciones pueden absorber y contener sus diferencias internas.
- Las estructuras existentes disponen de recursos políticos e institucionales difíciles de reproducir desde afuera.
- El ciudadano que quiera construir una alternativa debe competir contra todo eso mientras, además, trabaja para vivir.
LA DISCUSIÓN REPUBLICANA
Ésa es la discusión republicana que Santa Fe necesita.
No se trata de garantizar representación a cualquier sello ni de celebrar automáticamente a cualquier outsider.
Se trata de preservar algo mucho más básico:
- Que quienes hoy están afuera puedan entrar.
- Que quienes están adentro puedan irse.
- Que el Estado nunca se convierta en patrimonio de quienes circunstancialmente gobiernan.
Los gobiernos pasan.
Los partidos también.
El sistema político y el Estado no les pertenecen. Pertenecen a los ciudadanos.